Arquitectura brutalista: Origen, características y legado

9 August, 2020

La arquitectura brutalista es, sin lugar a duda, una de las corrientes más controvertidas que ha tenido lugar durante el siglo XX. Podríamos definirla como imponente, inconfundible y, sobre todo, polémica. Es conocida sobre todo por su uso del hormigón visto, por ser una arquitectura monumental y, además, por rechazar por completo la ornamentación superflua. Tanto es así que acabó dejando una huella muy profunda en el espacio urbano. Ha sido amada y odiada a partes iguales, pero es una corriente que representa un momento clave de la arquitectura moderna. Una búsqueda de una nueva estética, de experimentación y de prueba. Hoy te lo vamos a contar todo sobre ella, así que sigue leyendo, porque es un tema apasionante.

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Qué es la arquitectura brutalista

La arquitectura brutalista es un movimiento arquitectónico que surgió a mediados del siglo pasado. Se caracteriza por el uso de materiales sin tratar, normalmente hormigón, estructuras masivas y una intención claramente funcional. El término proviene del francés béton brut, que significa literalmente «hormigón crudo», de ahí que este sea el material más utilizado. El primero en popularizarlo fue el arquitecto británico Reyner Banham, en el año 1955. Y a partir de ese momento, pasó a ser una parte importante de la cultura arquitectónica.

Esta arquitectura va mucho más allá del material, puesto que implica una clara posición a nivel ideológico. Busca la máxima honestidad estructural, una gran expresividad material y un rechazo a todos los ornamentos que se consideran innecesarios. Es fácil hallar este tipo de edificios en el ámbito público, como edificios gubernamentales, universidades u hospitales. Además, también ha llegado a complejos de viviendas que fueron construidos en las décadas de entre los cincuenta y los setenta.

Orígenes del brutalismo: Contexto histórico

El brutalismo nace en un contexto muy concreto, en plena posguerra europea, un momento en el que el mundo se encontraba en plena reconstrucción. Tras todos los estragos que causó la Segunda Guerra Mundial, una gran cantidad de ciudades necesitaban edificaciones rápidas, económicas y, sobre todo, funcionales. El objetivo era sencillo: alojar a la población desplazada y reconstruir toda la infraestructura.

En este momento histórico, en Gran Bretaña se consolidó la arquitectura brutalista. Fue concretamente en los estudios de Alison y Peter Smith, con su obra «The Hunstanton School» y un proyecto nuevo de viviendas. Estos acabaron por marcar una forma totalmente distinta de entender la arquitectura: un reflejo directo de la sociedad, sin buscar ni embellecerla ni disfrazarla.

A nivel internacional, el brutalismo halló eco en muchos países: Francia, Japón, Estados Unidos… Y también en muchos países del conocido bloque soviético, donde fue adoptado por su estética robusta, por su alineación ideológica y, además, por su flexibilidad a nivel estructural.

A fondo: Blockchain en la construcción

Características principales de la arquitectura brutalista

El brutalismo es, como hemos señalado, mucho más que una elección de materiales. Es una filosofía, una forma de mostrar la vida. Y sus señas más identificables son las siguientes.

Uso del hormigón visto

El hormigón armado es el material por excelencia del brutalismo. No se busca cubrirlo, ni disimularlo, sino que se deja totalmente al desnudo. Con sus texturas, sus imperfecciones y todas esas marcas que puede traer consigo. Es una decisión que busca lo que se conoce como honestidad material, aunque también responde a una razón práctica y económica. Porque no hemos de olvidar que es un material barato, fácil de moldear y de trabajar, y capaz de formar estructuras monumentales. En muchas de las obras, este acabado rugoso se convierte también en un elemento expresivo. Aunque es cierto que también se pueden usar otros materiales sin tratar, como acero, madera bruta… Las intenciones son, eso sí, siempre las mismas.

Geometría y formas masivas

Los edificios brutalistas se caracterizan también por tener formas contundentes, con estructuras masivas. Estas suelen recurrir a la geometría más pura: prismas, cilindros, cubos, bloques… Es una estética que se aleja mucho de las llamadas proporciones clásicas, así como de las intenciones decorativas. Lo que busca es una presencia mucho más imponente. A menudo, nos encontramos con edificaciones que se han diseñado con una estructura monolítica. Casi da la sensación de que han sido esculpidos en un único bloque de hormigón. Esta masividad busca mucho más que dar ese impacto visual; también pretende transmitir una sensación de solidez, de permanencia y de estabilidad.

Funcionalidad sobre ornamentación

El brutalismo busca llevar el conocido funcionalismo moderno a su máxima expresión. Todos y cada uno de los elementos del edificio responden a necesidades prácticas. Escaleras, rampas, conductos… Todo acaba formando parte visible del diseño. Además, se renuncia a cualquier decoración aplicada. En lugar de valorar la estética, se valora la utilidad, lo estructural, lo que se considera sincero. Genera una belleza radical, que si bien es cierto que ahora mismo nos parece menos llamativa que otros estilos, es profundamente coherente con el contexto en el que se encontraba.

Obras icónicas del brutalismo en el mundo

Antes de ahondar en las obras claves del brutalismo, hemos de mencionar a Le Corbusier. Que si bien es cierto que es fundamental en la historia de este movimiento, no fue brutalista como tal, ¡sino inspiración! Y aquí hemos de hablar necesariamente de Unité d’Habitation, una gigantesca unidad residencial en Marsella que sentó las bases claras de este tipo de arquitectura. El término no se había popularizado, pero Le Corbusier hizo uso del hormigón visto, diseñó formas modulares y, además, tuvo una visión utópica de la vida comunitaria. Con viviendas, calles interiores, tiendas, gimnasio, guardería e incluso terrazas comunitarias en un solo edificio, Unité d’Habitation fue un laboratorio social para toda Europa.

Tras esta, llegaron otras obras igualmente revelantes. Por ejemplo, en Boston encontramos el Boston City Hall, un ayuntamiento brutalista que ha sido criticado y admirado a partes iguales. Tiene voladizos masivos, texturas rugosas y una estructura que lo convierte en un ejemplo claro de este movimiento. En Londres nos encontramos con Barbican Centre, un complejo residencial y cultural que nació como una utopía urbana. Cuenta con torres de hormigón, pasarelas elevadas, auditorios e incluso jardines interiores. La idea era clara: crear entornos completos, funcionales y crudos.

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